kinokulak

26 de febrero de 2010

SOBRE LA HISTORIA DE LAS INTERVENCIONES ARMADAS NORTEAMERICANAS.





Varios Autores
Editorial Progreso (URSS)
Año 1984
Digitalizado por Kinokulak


Descargar del libro "Sobre la historia de las intervenciones armadas norteamericanas"

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ÍNDICE

PREFACIO………………………………………………...………...… 3

PARTE I
V. Selivánov. LAS ETAPAS DE LA EXPANSIÓN EN AMÉRICA LATINA………………………………………………………..... 9
I. Kumarián. LAS AGRESIONES A MÉXICO…………………........ 19
E. Larin. CUBA: OBJETO DE AGRESIÓN POR PARTE DE
LOS EE.UU………………………………...………………….. 36
Nelli Poyárkova. PUERTO RICO: UNA COLONIA NORTE-
AMERICANA…………………………………………………. 64
V. Lunin. LOS EE.UU. Y EL CANAL DE PANAMÁ…………….... 78
N. Lutskov. VEINTE AÑOS DE OCUPACIÓN DE HAITÍ……..….. 95
Elena Anánova. DESEMBARCO EN LA REPÚBLICA DOMI-
NICANA……………………………………………………… 112
I. Grigulévich. NICARAGUA INDÓMITA………………………… 129
Marina Chumakova. GUATEMALA: EL DERROCAMIENTO
DEL GOBIERNO DE ARBENZ…………………………..…. 149
M. Górnov. LA CONSPIRACIÓN CONTRA CHILE……...………. 166
S. Semiónov. EL GENOCIDIO EN EL SALVADOR…………….... 179
A. Glinkin. LA ADMINISTRACIÓN REAGAN AGUDIZA EL
RUMBO……………………………………..…………..……. 191

PARTE II
Yu. Poliakov. LA CRUZADA ANTISOVIÉTICA DE LOS IM-
PERIALISTAS……………………………………………...... 208
A. Lunin. UNA INTERVENCIÓN OLVIDADA…………………... 219
A. Petrov. LA GUERRA DE VIETNAM………………………...… 241
V. Zhurkin. DESLIZÁNDOSE POR LA VERTIENTE………….… 257
A. Kislov. LA POLÍTICA INTERVENCIONISTA EN EL PRÓ-
XIMO ORIENTE…………………………………………..… 272



PREFACIO.

A los estadistas estadounidenses les agrada representar el papel de pacificadores, moralizadores y guardianes de la justicia y el respeto en los asuntos internacionales; sin embargo, sus acciones se encuentran en flagrante contradicción con su verbo­rrea. ¿Qué vale, por ejemplo, la afirmación del presidente de los EE.UU., R. Reagan, en la segunda sesión especial de la Asamblea General de la ONU sobre el desarme, de que los Estados Unidos nunca han sido agresores!

De prestar oídos a los representantes del establishment norte­americano, podría parecer que los Estados Unidos han sido la potencia más adicta a la paz en la historia de la humanidad, que jamás han agredido a nadie y que siempre han actuado en bien de los demás.

¿Cuál es el cuadro de la política estadounidense en realidad? Según aseveraciones de la propia prensa norteamericana, en sus años de existencia, los EE.UU. han realizado más de 200 agresiones armadas contra otros pueblos. Según datos de la fundación norteamericana Broo­kings Institution, sólo de 1946 a fines de 1981, los EE.UU. emplearon la fuerza armada en apoyo a sus fines de po­lítica exterior y estrategia militar 250 veces, recurriendo reitera­damente a la amenaza del empleo del arma nuclear.

Los dueños de los destinos de los EE.UU. afirman en la actuali­dad que sólo a causa de los “manejos del comunismo mundial” y la cacare­ada “amenaza soviética” los EE.UU. intensifican la carrera armamentista y tienen soldados en tantos puntos del globo terráqueo; sin embargo, los EE.UU. libraban guerras de rapiña en América Latina y el Oriente mucho antes de aparecer la URSS en el mapamundi. Enviaron muchas veces sus tropas a México, arrebatando a este país más de la mitad de su territorio, ocuparon Cuba en 1898, convirtieron a Puerto Rico en su colonia. En el hemisferio oriental, corrieron la misma suerte las Filipinas. Ya antes de la Primera Guerra Mundial, los EE.UU. intervinieron reiteradas veces en Haití, la República Dominicana, Nicaragua y otros países de América Latina.

Tras el triunfo de la primera revolución socialista en octubre de 1917, los EE.UU. enviaron sus tropas a la Rusia Soviéti­ca. Entre las dos guerras mundiales, los EE.UU. implantaron en América Latina a dictadores “gorilas” a su gusto, aplastando con su ayuda todo intento de los pueblos de defender su independen­cia. Por indicación directa de Washington, fueron asesinados los jefes campesinos mexicanos Emiliano Zapata y Pancho Villa, el general Augusto César Sandino en Nicaragua, los luchadores contra el imperialismo Farabundo Martí en El Salvador, Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras en Cuba, y otros muchos patriotas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los apetitos de los EE.UU. tomaron carácter “global”. Comenzaron a intervenir en los asuntos de todas las regiones del mundo. China, Corea, Viet­nam, los países del Oriente Próximo y África fueron objeto de sus agresiones directas o indirectas. Impusieron el Pacto Atlántico a Europa Occidental. Con ayuda de pactos “defensi­vos”, han tratado de atar a América Latina a su carruaje militar. Los EE.UU. se inmiscuyen en los asuntos internos de la comunidad socialista, amenazando con el boicot económico y no respetando los acuerdos firmados anteriormente con la Unión Soviética.

El estudio de la política exterior estadounidense muestra que a lo largo de los 200 años de historia de los Estados Unidos, la estrategia política de los círculos dirigentes norteamericanos en el exterior se ha basado en dos postulados básicos: 1) la fuerza militar es el medio fundamental de resolver los problemas internacionales y 2) los EE.UU. no son un país cualquiera sino exclu­sivo, “destinado” (Manifest Destiny) a la misión civilizadora de llevar a los demás pueblos el american way of life.

“Desde el comienzo de nuestro desarrollo como nación —hacía cons­tar el diario norteamericano The New York Daily News el 31 de marzo de 1981—, se observa el camino trazado por medio de la fuerza y los tiros hacia las fronteras del oeste (la usurpación de las tie­rras mexicanas); sin embargo, hoy nos consideramos una nación de la ley y el orden. No, seguimos siendo fruto de aquella época”.

Siguiendo ese mismo camino, los EE.UU. intentaron ante todo subyugar a los pueblos del hemisferio occidental, y luego des­plazaron su atención hacia otros continentes. En un reciente
pasado, sostuvieron la guerra contra los pueblos de Indochina, anegando en sangre, quemando con napalm e intoxicando con venenos la tierra pacífica de Vietnam, Laos y Kampuchea. Ahora el gobierno estadounidense, además de estimular al agresor israelí a cometer crímenes sangrientos en el Líbano, ha introducido en este país sus efectivos militares (los marines), sometiendo a cañoneo la capital libanesa. Las tropas de Tel-Aviv, que exterminan a los palestinos y los libaneses, están equipadas con armas norteame­ricanas. Los sionistas cometen sus crímenes y practican el geno­cidio en las tierras árabes con la bendición de Washington.

El golpe militar fascista en Chile, las decenas de miles de muer­tos en El Salvador y Guatemala, el bloqueo a Cuba, el financiamiento, el apertrechamiento y la tutela a los asesinos somocistas en Nicaragua, el apoyo al régimen racista en la RSA, y la complici­dad fáctica con Londres en la guerra colonialista de Inglaterra contra Argentina en el Atlántico Sur, son respaldados por la política de los EE.UU., encaminada a apoyar los regímenes más reaccionarios y a establecer la hegemonía norteamericana en los asuntos internacionales.

Las fuerzas agresivas del imperialismo estadounidense apro­vechan todos los medios para romper el equilibrio estra­tégico militar existente en el mundo y obtener la posibilidad de dictar su voluntad a otros países. Una prueba de ello es, por ejemplo, la campaña hostil antisoviética montada en los EE.UU. en torno al mito de la “amenaza militar” del Este. Esta mentira elevada a la categoría de política oficial está dirigida a facilitar a los EE.UU. el fomento de una carrera armamentista que conduce al incremento del peligro de una nueva guerra mundial. En los últimos años, en el período de la administración Reagan, esta política se ha hecho especialmente peligrosa para los desti­nos de los pueblos del mundo.

El presupuesto militar de los EE.UU. en 1982 alcanzó la cifra astronómica de 208 600 millones de dólares, y en 1986 llegará a 327 700 millones de dólares. Los EE.UU. cuentan hoy con 2 500 bases militares situadas en 114 países del mundo, en las que se encuentra medio millón de soldados nor­teamericanos. Los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, el Mar Mediterráneo, el Golfo Pérsico y los Mares del Sur son surcados por escuadras y submarinos militares norteamericanos dotados de los medios más modernos de exterminio en masa. Centenares de aviones con mortíferas armas nucleares a bordo, despegan dia­riamente de sus aeropuertos. Los EE.UU. producen oficialmente sustancias químicas tóxicas en enormes cantidades, pretenden imponer a sus aliados europeos una nueva generación de cohetes nucleares, amenazan con emplear el cosmos con fines militares, y hablan irresponsablemente de la guerra nuclear “limitada”, que abarcará supuestamente “sólo” a Europa, aunque es claro para todo el mundo, que donde sea que estalle la tromba nu­clear, provocará inevitablemente la catástrofe general.

En los últimos años, los EE.UU. procuran asimismo cometer sus actos agresivos con “manos ajenas”, azuzando a unos países con­tra otros, exacerbando y haciendo llegar a límites peligrosos los conflictos locales, con tal de servirse de ellos para ocupar nuevas posiciones estratégicas y cercar aún más a la Unión Soviética y otros países socialistas con el cinturón de sus bases militares. A este propósito sirve igualmente el comercio de armamentos. Sólo du­rante el decenio 1970-1980, los EE.UU. vendieron a 131 países, pertrechos militares por una suma de 123 500 millones de dóla­res, de ellos 47 700 millones a los países de Oriente Próximo, principalmente a Israel y Egipto. La exportación anual de armas de los EE.UU. ha crecido de 4 300 millones de dólares en 1970 a 20 000 millones de dólares en 1981.

Los peligrosos pasos de los círculos gobernantes de los EE.UU., que empujan al mundo a la catástrofe nuclear, provocan por do­quier una creciente preocupación y la indignación de los pueblos. En los propios EE.UU., personalidades públicas y eclesiásticas, conocidos políticos y diplomáticos critican la política aventurera de confrontación que no cuenta con la situación real en el mun­do. Por su parte, la Unión Soviética siempre ha propuesto con empeño y convicción a los Estados Unidos, iniciar negociacio­nes y ponerse de acuerdo sobre una base recíprocamente acep­table, respecto al cese de la demencial carrera armamentista y el paso al desarme.

En su intervención en el acto solemne dedicado al 60 aniver­sario de la URSS el 21 de diciembre de 1982 en el Palacio de los Congresos del Kremlin, Yu. V. Andrópov, secretario gene­ral del CC del PCUS, dijo: “Estamos por una colaboración am­plia y fructífera entre todos los pueblos del planeta, sin imposicio­nes ni injerencias en sus asuntos, para su provecho mutuo y en beneficio de toda la humanidad”

Los materiales publicados en esta recopilación, cuyos auto­res son conocidos científicos soviéticos —historiadores y especia­listas en asuntos internacionales—, muestran con elocuencia que el rumbo agresivo de los EE.UU. no es nuevo, fue aplicado ya antes por los círculos gobernantes de este país. Basándose en sólidos materiales documentales, los autores estudian la historia de las intervenciones arma­das norteamericanas en diferentes países. Se analiza la inter­vención de los EE.UU. en la Rusia Soviética de 1918 a 1920, la política agresiva estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial en el Oriente Próximo y en Indochina. La par­te fundamental del libro está dedicada a la política de los EE.UU. en América Latina. La atención particular prestada al continen­te latinoamericano se debe a que esta inmensa región siempre ha sido considerada por los círculos gobernantes de los EE.UU. como “zona de los intereses norteamericanos”. Allí precisamente los EE.UU. aplicaron por primera vez la “política del gran ga­rrote”, desembarcando sus tropas en territorios de Estados sobe­ranos e implantando regímenes pro norteamericanos. Allí preci­samente se probó la “diplomacia del dólar” aplicada luego en otras partes del mundo.

El auge del movimiento de liberación en América Latina en los últimos decenios, la construcción del socialismo en Cuba, y el triunfo de una revolución popular en Nicaragua, intensificaron la agresividad de los círculos imperialistas estadounidenses en el hemisferio occidental. Se fomenta una campaña de subversión con­tra la República soberana de Cuba que persigue obli­gar a la dirección cubana a renunciar a las transformaciones revolucionarias en el país. Se hace realidad la interven­ción armada en la Nicaragua revolucionaria por mercenarios reclutados por los EE.UU. entre la escoria somocista expulsada del país por el pueblo.

Pero la política agresiva imperialista de los círculos gober­nantes de los EE.UU. no hace sino aumentar la cohesión de las fuerzas progresistas y democráticas de América Latina. En octubre de 1983, los Estados Unidos agredieron a mano armada a Granada, pequeño Estado caribeño. En su Declaración, la Agencia Telegráfica de la Unión Soviética señala que “con sus actos contra Granada, el Gobierno de los Estados Unidos pone al descubierto su desprecio absoluto hacia las normas del Derecho Internacional universalmente aceptadas, y pisotea los elevados princi­pios de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas. Es una prueba manifiesta de que, en aras del logro de sus objeti­vos expansionistas, Washington se propone no hacer caso del derecho de los pueblos al desarrollo independiente y lanza un reto abierto e insolente a la voluntad de los pueblos y a la opinión pública mundial”.

La experiencia de la historia de las intervenciones armadas de los EE.UU., de las que se habla en el presente trabajo, muestra que en las nuevas condiciones creadas actualmente en la palestra internacional, los intentos de los Estados Unidos de volver a la “política del gran garrote” están condenados al fracaso. En el libro no se han reflejado todos, ni siquiera la mayoría de estos actos agresivos de los EE.UU. Para ello se necesitarían mu­chos volúmenes. Tampoco se ha prestado espacio a las agresiones sicológicas y económicas de los EE.UU. contra los regímenes inde­seados, a todo tipo de bloqueos y sanciones, a las campañas pro­pagandísticas agresivas, a las acciones de los “boinas verdes” y los mercenarios, a la política de la “guerra fría” fomentada desde Washington y a otras acciones adversas a la causa de la paz y el progreso social.

Nuestra tarea era mostrar ante todo, las fuentes del origen de la política exterior agresiva de los Estados Unidos en diversos países y en diferentes períodos. Es al mismo tiempo, la historia del fra­caso de los designios estratégicos de los círculos gobernantes esta­dounidenses orientados a mantener a los pueblos bajo la esfera del dominio imperialista, del fracaso de la política de amenazas e intervenciones, de desencadenamiento de nuevas guerras antipo­pulares y de puesta en práctica de concepciones político militares inhumanas.

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